Cuando el pasado lunes, un tiempo después de decidir el título de mi aportación a este blog, mi compañera Nuria me recordó mi ocurrencia… Pensé que aquel día de julio del pasado año debía tener un mal día… Pero ya es tarde… Vamos a ello…

Empecemos por el principio…

Entelequia

Del lat. tardío entelechīa, y este del gr. ἐντελέχεια entelécheia.

  1. f. Cosa irreal.
  2. f. Fil. En la filosofía de Aristóteles, fin u objetivo de una actividad que la completa y la perfecciona.

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Posiblemente, no exista un término más contradictorio o contrapuesto que este en nuestra lengua ¿Por qué lo elegí para asociarlo a la gestión de la investigación?

Por el hecho de que después de más de una docena de años vinculado a este mundo de la I+D+i universitaria y casi 25, en el mundo universitario (primero como representante en órganos de gobierno y luego como profesional), es, en mi humilde opinión, el área de gestión con más contrastes y complejidad de nuestras Universidades. Que genera, en ocasiones, un sentimiento en los implicados de reto imposible. Y por derivada, ese sentimiento se extrapola a los que aspiramos a acompañarles y facilitarles la vida en ese día a día, mediante una solución  .

¿Qué explica esa complejidad?

El primero es un factor que puede pasar desapercibido incluso para ellos. La Investigación “organizada” –no confundir con la Ciencia o el método científico- es una disciplina joven. No cumple y soy muy generoso, los 200 años de edad. Amigo lector, ¿qué son 200 años frente a los 800 de docencia de la Universidad de Salamanca? Parece que la gestión académica nos saca algo de ventaja…

Decía que soy generoso ya que fueron los Estados, los que a principios del siglo XX definieron modelos de gobierno de la Investigación y Desarrollo (por ejemplo, la AJE en España). Pero verdaderamente toman forma y vigencia a partir de la Segunda Guerra Mundial, clasificándose en espontáneos –“ya vamos regular con ese nombre”-, concertados y centralizados). En España será la Ley del 86 la que venga a acercarse a estos modelos.

Esta “juventud” la acusa el legislador, el financiador, el fiscalizador y en consecuencia, todos los agentes de sistema.

Me viene “al pelo” en este punto, un término muy de moda y al tiempo muy acertado, el de grupos de interés o el de interesados (si aplicamos la terminología de proyectos).

En la gestión de la Investigación son muchos los interesados, sus roles, intereses, conocimientos, expectativas y niveles de influencia. Pero me centraré en uno en exclusiva, el investigador.

El pura sangre de los investigadores es el científico. No quiere oír hablar de gestión sólo de Ciencia y Método científico. Su interés por la gestión es bajo, pero su poder es alto ¿Qué dice la teoría de proyectos que debe hacer el gestor? Mantenerle satisfecho. No perdamos de vista esta afirmación por lo que condiciona el modelo.

En contraposición a esta figura está el Vicerrector. Son científicos – gestores. Su interés por la gestión debería ser alta y su poder también. Pero son excepcionales los casos en los que esta relación se cumple. Generalmente, sus estrategias y decisiones están condicionadas por mantener satisfecha a la comunidad científica (que recordemos que además elige a “su Jefe”). También es bastante común ver cómo su parte de científico prima sobre la de gestor. Ambas situaciones aportan una enorme complejidad en el día a día la gestión, por lo que la condicionan. Por ello los gestores prefieren Vicerrectores que “dejen hacer a los técnicos”, bajo estrategias muy claras.

Por último no podemos dejar de lado la complejidad de la materia gestionada. Las disciplinas científicas son muchas y muy variadas, realizar una gestión que mantenga satisfechas a todas ellas, las entienda y cumpla sus objetivos parece poco menos que imposible. ¿Un químico entiende la investigación como un arqueólogo? ¿Sus necesidades son las mismas? ¿Puede intuirlas o compartirlas un Vicerrector, Ingeniero Industrial?

Bien, pues en ese complejo contexto, gestionar la investigación requiere legislar, financiar, fiscalizar, medir, normalizar, etc. para atender los intereses de todas esas disciplinas y los intereses de la Institución y de la Sociedad. No parece sencillo. O como diría el matador de toros Rafael Gómez Ortega “el Gallo”: “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible…”.

Pero no quiero acabar esta aportación con este mensaje pesimista. Prefiero quedarme con la segunda de las definiciones de entelequia… “fin u objetivo de una actividad que la completa y la perfecciona”. Creo que la actividad científica debe incorporar la gestión y rendición de cuentas, como incorporó en su momento el método científico, y esto la completará y la perfeccionará. Es cuestión de tiempo y madurez.

Espero que estas reflexiones hayan resultado interesantes al lector. Muchas gracias.

Entrada elaborada por Roberto Moreno, Director de UNIVERSITAS XXI – INVESTIGACIÓN